En su proceso histórico de constitución política, las diversas naciones y subregiones que conforman el subcontinente de A. Latina y el Caribe, vivieron la influencia de los imperios europeos bajo cuyo dominio colonial se insertaron en el sistema mundo como exportadores de minerales y tributos, durante más de trescientos años.
Posteriormente, con el ascenso de los EEUU de Norteamérica como
potencia regional[i],
bajo la doctrina del destino manifiesto, sintetizada en la consigna “América
para los americanos”[ii]
-la misma que ha sido un elemento invariante de la política del país del norte hacia
la región durante los últimos doscientos años- las naciones y subregiones
latinoamericanas quedaron fuertemente condicionadas bajo su hegemonía
económica, política y cultural. Cada territorio del subcontinente ha sido afectado
según los intereses existentes de las Empresas Transnacionales ETN, protegidos por
la diplomacia de la persuasión, disuasión o coerción, aplicada por las diferentes
administraciones del gobierno de EEUU.
A nivel político y geopolítico EEUU lideró la creación de un
andamiaje de instituciones interamericanas para consolidar su influencia en los
países de la región. Así nacieron la Organización de Estados Americanos OEA, el
Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca TIAR, como mecanismos para
sustentar la hegemonía política y militar estadounidense en la región.
Estas determinaciones históricas y estructurales establecieron
los modelos de desarrollo dependiente de capitalismo primario exportador,
rentista, monopólico y atrofiado, que caracterizan a las estructuras económicas
de los países de la región, que mantienen enfrentadas, como competidores de
similares materias primas, a las élites económicas de cada nación, quebrantando
sus expectativas integracionistas.
Fue a mediados del siglo pasado, con el surgimiento de las
teorías de la dependencia y el impulso de las propuestas de desarrollo
industrial promovidas desde la Comisión Económica Para América Latina CEPAL
(creada el 28 de febrero de 1948) cuando surgieron los procesos de integración
subregional, con la finalidad de transformar las estructuras productivas primarias
de los países, mediante la construcción de una convergencia industrial entre
las naciones, impulsada por la creación de los mercados ampliados subregionales.
Sin embargo, los procesos integracionistas como la
Comunidad Andina de Naciones, luego de cincuenta y dos años de vigencia, si
bien han generado un crecimiento sostenido del comercio intraregional, sus
resultados representan porcentajes muy bajos respecto de la totalidad del
comercio externo global[iii], evidenciando la falta
de voluntad de las élites económicas y políticas de los países miembros, para
apostar a un proceso de integración más profunda.
La emergencia mundial de la globalización
económica, rompe con las condicionalidades geográficas y debilita relativamente
la hegemonía regional estadounidense, produciendo entre otros cambios, la
diversificación de las exportaciones hacia otros continentes, el ingreso de inversiones
de otras naciones, el acceso a tecnologías provenientes de otros territorios, la
diversificación de fuentes de financiación pública y privada.
Pese a que la visión neoliberal aún es predominante en las
élites gubernamentales de los países de A. Latina y que aún persiste el modelo
primario exportador -de aprovechamiento de las ventajas comparativas naturales
de cada país-, en las primeras décadas del presente siglo, con el ascenso de
los gobiernos progresistas en varios países de la región, empiezan a
vislumbrarse propuestas para construir una hegemonía regional basada en el
interés de los pueblos y las identidades geográficas, históricas, culturales,
así como en la urgencia de fortalecer la soberanía de las naciones y de la
región, frente a una crisis multidimensional mundial.
En este objetivo, es importante resaltar el mensaje y legado
del presidente saliente del Parlamento Andino don Adolfo Mendoza sobre la
misión trascendente que tenemos de promover una hegemonía alternativa a través
de la diplomacia de los organismos integracionistas latinoamericanos. Y además el desafío
planteado por el presidente de México, Andrés López Obrador, de crear otra
instancia regional [iv]distinta
a la OEA.
[ii] Fue el 2 de
diciembre de 1823 que el presidente de EEUU James Monroe expuso su doctrina
ante el Congreso que la sintetizó en la
frase “América para los americanos”.
[iii] El 7% del total del comercio
exterior global.
Bibliografía:
Cueva, Agustín. El desarrollo del
capitalismo en América Latina. Siglo XXI Editores, decimonovena edición;
Mexico;2004.
Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de
América Latina. Ediciones La Cueva; Caracas; 2003.
Gonzalez Casanova, Pablo. Imperialismo y
Liberación en América Latina. Siglo XXI Editores; México; 1978.
Gonzalez Casanova, Pablo. De la sociología
del poder a la sociología de la explotación; Pensar América Latina en el
siglo XXI. Siglo XXI Editores; Buenos Aires: CLACSO;2015.
CLACSO, Grupo de Trabajo sobre Crisis y
Economía Mundial. Nuestra América XXI, desafíos y alternativas. Clacso #8;
junio 2017. https://rebelion.org/docs/227823.pdf
Halpering Donghi, Tulio. Historia
Contemporanea de América Latina, vigesimoquinta edición. Alianza Editorial;
Narea, Marco. ¿Regionalismo poshegemónico o
contrahegemónico?. Universidad Andina Simón Bolivar; Quito; 2020.

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