«Antes el hombre sólo tenía cuerpo y alma. Ahora,
además, necesita un pasaporte, de lo contrario no se lo trata como a un
hombre».
Stefan Zweig, El mundo de ayer, 1942
Desde la antigüedad, los seres humanos siempre han estado
en constante movimiento. Algunas personas viajan para estudiar, o en busca de nuevas oportunidades económicas. Otras, son forzadas a cruzar una
frontera internacional producto de
conflictos, persecuciones, o graves violaciones
a sus derechos humanos. No pocas lo hacen debido a los efectos negativos del cambio
climático, desastres naturales u otros factores ambientales.
En
respuesta a estos profusos flujos migratorios, se han intensificado en nuestra
región los discursos xenófobos en contra de la población migrante. Desde el framing
de los medios de comunicación masivos se puede ver cómo se vincula la migración
con la delincuencia, contribuyendo a la formación de estereotipos y actitudes prejuiciosas hacia
la población en situación de movilidad
humana.
Dichos discursos
discriminatorios podrían incluso constituirse en discursos de odio, de acuerdo
con la Convención Americana de Derechos Humanos, cuando “constituyan incitaciones a la violencia o
cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de
personas” por
cualquier motivo, “inclusive los de raza, color, religión,
idioma u origen nacional[1]”. En Ruanda, fueron
brutalmente asesinadas más de 800,000 tutsis en 100 días, durante uno de los
genocidios más cruentos de la historia mundial[2]. Pero es
imposible retratar lo sucedido en Ruanda sin tener en cuenta el papel clave que
jugaron los medios de comunicación masivos en la incitación a la violencia. En
el año 2003, directivos de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (RTML), manejada
por el gobierno, fueron declarados culpables de incitación al genocidio por el
Tribunal Penal Internacional para Ruanda, por la transmisión de discursos de
odio. De
acuerdo con el Asesor Especial de
Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio, Adama
Dieng: “Todos
debemos recordar que los discursos de odio anteceden a los crímenes de odio (…). El holocausto con las
cámaras de gas comenzó mucho antes con discursos de odio.”[3]
En ese mismo contexto,
la Carta Andina para la Promoción y
Defensa de los Derechos Humanos;[4]
suscrita por los jefes de los Estados Miembro de la CAN; establece en su artículo 10, la obligación de los
Estados de la Región Andina, de combatir toda forma de “racismo,
discriminación, xenofobia y cualquier forma de intolerancia o de exclusión,” a
través de legislaciones nacionales que penalicen la discriminación.
Cumpliendo con estos estándares internacionales y
regionales, el Parlamento Andino aprobó, recientemente, en sesión
extraordinaria, la Norma Comunitaria para la Protección de los Migrantes en la
Región. Dicha normativa recoge la recomendación de nuestro despacho, de
incorporar un nuevo articulado para regular los contenidos discriminatorios en
los medios de comunicación. Sin duda, una deuda pendiente que contribuirá al
mantenimiento de la paz y la seguridad en nuestra región.
[1] Art. 13 numeral 5,
Convención Americana de Derechos Humanos.
[2] Amanda Grzyb, El
Genocidio de Ruanda y los Medios: Un Debate Aún Abierto, 2019. Disponible en:
https://ethic.es/2019/04/ruanda-genocidio-medios-comunicacion/
[3] Con La Gente Noticias. Adama Dieng sobre los discursos de odio: «las
palabran matan tanto como las balas», 2019. Disponible
en: https://conlagentenoticias.com/adama-dieng-sobre-los-discursos-de-odio-las-palabras-matan-tanto-como-las-balas/
[4] Zorrilla Suniaga,
Dionellys. LA
CARTA ANDINA DE DERECHOS HUMANOS. ¿Un paso hacia la concepción comunitaria de
los derechos humanos en la Comunidad Andina?. Tesis, UASB, Quito, 2004.

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